
ENTREVISTA A LUIS TOLOSA
Muchas de las personas que recorren las Rutas del Vino de España lo hacen
movidos por el afán de conocer bodegas y nuevos vinos. Catar un vino en el
territorio donde se ha producido, en la bodega donde se ha criado,
conociendo el entorno y la historia que lo rodea y con las gentes que lo han
hecho es una de las mejores experiencias que ofrecen las rutas enológicas.
Pero después, ¿cómo orientarse entre el ingente número de marcas, variedades
y añadas que hoy en día nos ofrece el mercado del vino? Lluis Tolosa,
experto en comunicación y apasionado por el vino y el turismo del vino nos
da algunas claves.
Usted ha escrito varios libros sobre vinos. Será un buen conocedor de los
territorios vinícolas de nuestro país…
Me instalé un año entero en Rioja para visitar 100 bodegas personalmente,
probar 300 vinos y hacerme una idea aproximada de su oferta turística. En
Cataluña he visitado en los últimos años otro centenar de bodegas,
repartidas por su docena de denominaciones de origen, y puntualmente he
visitado otras zonas vinícolas españolas. El año pasado viajé a Napa Valley
expresamente para conocer su modelo de turismo del vino, y aprendí mucho
sobre lo que debemos hacer y sobre lo que no debemos hacer. Ahora preparo mi
viaje a la Toscana y a varias regiones francesas. Pero aún me falta mucho
por conocer.
¿Qué potencial ve en el enoturismo?
España es uno de los principales destinos turísticos del mundo, tenemos la
mayor superficie mundial de viñedo y somos uno de los primeros países
productores de vino del planeta. Tenemos la historia, la cultura, la
gastronomía, el clima, el paisaje y la arquitectura del vino, y además unos
vinos con una excelente relación calidad precio. Pero estamos muy por debajo
de todo ese potencial.
España debe estar entre los principales destinos enoturísticos del mundo, y
cualquier otra cosa es un fracaso. Pero no convencemos ni a los nuestros. A
menos de una hora de cualquier ciudad española hay una denominación de
origen que visitar, pero son muy pocas personas, y muy puntualmente, las que
dedican su fin de semana al turismo del vino. A menudo los expertos creen
que el turismo del vino aún está en vías de desarrollo, pero la realidad es
que vamos atrasadísimos. Algunos creen que la clave es crear la demanda,
pero la demanda ya existe. El verdadero problema es que no sabemos
satisfacerla. Hay un montón de gente interesada por el vino y por el turismo
del vino, pero el sector arrastra graves psicopatologías que hacen que la
oferta no esté bien estructurada.
He presenciado intensos debates sobre las molestias que suponen los turistas
para algunos bodegueros. Y largas discusiones sobre si cobrar tres euros de
entrada era excesivo o era muy poco. He visto el rencor profundo hacia los
visitantes que se iban sin comprar una caja de vino. Y fuertes tensiones
entre bodegueros y tiendas especializadas de vino por si las bodegas venden
por debajo del precio de la tienda. Y lo peor de todo, he visto grupos de
enoturistas que habían reservado un puente de cuatro días en una zona
vinícola y se han marchado al tercer día aburridos, porque a la tercera
bodega visitada ya les parecía todo igual y no sabían qué hacer.
En mi artículo Cataluña no es California expuse las diez diferencias
entre el modelo de turismo del vino en Napa Valley y en Cataluña, y aunque
utilicé el recurso de la autocrítica, el análisis es igualmente válido para
la mayoría de zonas vinícolas españolas, o al menos en eso coincidieron la
mayoría de congresistas cuando expuse mi decálogo en el II Congreso
Internacional de Turismo Enológico, el pasado mes de octubre en Barbastro.
¿Sabemos comunicar bien todo lo que ofrece el turismo del vino? ¿Cree que
llega al público todo el potencial y toda la oferta?
La comunicación es el principal problema del turismo del vino en España. La
mayoría de personas que conozco están interesadas en la cultura del vino.
Son periodistas, arquitectos y economistas, de entre 30 y 40 años, un
público objetivo ideal, pero ni siquiera tienen presente que haya una oferta
de turismo del vino bien estructurada y no sabrían dónde ir.
De hecho, cuando les explico todo lo que pueden hacer el tema se convierte
en un éxito. Y sin quererlo me he visto decenas de veces preparando fines de
semana de enoturismo para amigos, familiares, compañeros de trabajo y
últimamente para lectores de mis libros, que se ponen en contacto conmigo
para que les recomiende dónde ir. Parece absurdo, con la de información
disponible que hay. Pero o no les llega o me dicen algo indiscutible: es que
he encontrado un listado de 60 bodegas con visitas organizadas, 50
restaurantes en la zona y más de 30 alojamientos. Pero... ¿dónde voy? Y
luego otra cosa: en un fin de semana se puede visitar un máximo de tres
bodegas, y hay que elegirlas bien diferenciadas, o la gente se satura de
vino y se aburre. Y hay que combinar el fin de semana con otras actividades,
un curso de cata, la visita a un museo del vino, una ruta a pie o en
bicicleta por los viñedos o un viaje en globo, pero hay que darles más que
bodegas.
Y otra cosa importante: hay que hacerlo bien. Porque una de las peores cosas
que está pasando es que estamos decepcionando a muchos visitantes que tienen
su primer contacto con el enoturismo. Hay museos del vino que no explican
nada, y es fundamental poner en valor lo que tenemos delante, porque la
gente no sabe mucho. Y no puede ser que las visitas a bodegas sean atendidas
por estudiantes de turismo en prácticas. Ni puede ser que le transmitamos al
enoturista el tremendo lío que tenemos montado en este país con las
fronteras de las denominaciones de origen, las fronteras de las comunidades
autónomas, las fronteras de las provincias y las fronteras de las comarcas.
Yo he sudado tinta para explicarle a un turista extranjero que la DO Penedés
no ocupa solo la comarca del Penedés, sino siete comarcas más, la mitad en
Barcelona y la mitad en Tarragona. Y que la mayoría de bodegas de
visitaremos en el Penedés no pertenecen a la DO Penedés, sino a la DO Cava,
que está en el mismo territorio pero se basa en el método de elaboración, de
forma que también están acogidas bodegas de Extremadura, Rioja y Valencia. Y
más difícil aún explicarle que de estas bodegas del Penedés, muchas no están
acogidas a la DO Penedés ni a la DO Cava, sino a la DO Catalunya, a la que
se pueden acoger las bodegas del Penedés y también bodegas de otros 400
municipios de toda Cataluña. Y ya se pierden cuando les dices que una bodega
puede acogerse a las tres denominaciones de origen a la vez. Y ya no hay
quien responda si te preguntan si el Penedés no es Cataluña. Así que hay que
mentalizarse: una cosa es la lógica del sector del vino, y otra la del
sector del turismo del vino.
Así que si hablamos de comunicación, el pasado 8 de noviembre fue el Día
Europeo del Enoturismo. Unos días antes estuve rastreando las webs dónde
supuestamente debía haber un programa de actividades, y en la mayoría de
casos o aún no estaba colgada la información, o se trataba de actos muy
puntuales o eran acciones de tan poca envergadura que me dejaban realmente
asombrado.
Su libro Vinos y bodegas de Rioja ganó el premio ‘Mejor libro del
mundo sobre vinos europeos’. ¿Cómo llegó a conseguir este importante
galardón?
La verdad es que el premio superó todas mis expectativas. Después de mi año
en Rioja publiqué el libro, tuvo muy buena aceptación entre el sector del
vino riojano y las ventas en librería fueron bien porque era un libro de 400
páginas y 500 fotos a color que se leía con mucha facilidad. Un día recibí
una llamada y me propusieron presentarme a los premios Gourmand World
Cookbook Awards, el concurso más importante del mundo sobre libros de vinos
y gastronomía, al que cada año se presentan más de 5.000 libros de 90 países
de todo el mundo.
Les expliqué que era un editor pequeño y que todo eso se me quedaba un poco
grande, pero insistieron y al final me presenté. Al cabo de dos meses recibí
una carta informándome que mi libro había sido premiado como “Mejor Libro de
Vinos de Europa”. La alegría fue enorme, pero la sorpresa fue mayor al saber
que el premio me clasificaba para la final mundial, que cada año se celebra
en un país diferente. Me enviaron algunas fotos de la final del año
anterior, en Kuala Lumpur, Malasia, y me dijeron que preparase la maleta
porque la Cena de Gala de la gran final de la entrega de premios de este año
iba a ser en Beijing, China.
Así que de repente me encontré pasando una semana en China con los mejores
autores y editores del mundo, viendo los mejores libros del mundo sobre
vinos, cervezas, quesos, chocolates y otras delicias. Y asistiendo a todo
tipo de catas, conferencias y reuniones de trabajo con lo mejor del sector
editorial del mundo. Un auténtico privilegio que combiné con numerosas
escapadas para conocer la Gran Muralla y los principales lugares de interés
turístico de esa fascinante y desconcertante ciudad que es Beijing.
Y después de una semana de ensueño, la suerte quiso ponerse de mi lado. En
la ceremonia final de entrega de premios oí aquello de “And the winner is...”
¡y dijeron mi nombre! Creí que estaban nombrando a los finalistas, pero
medio aturdido entre los aplausos y los abrazos de mis compañeros en
cuestión de segundos me ví subido al escenario. Fue algo impresionante. Allí
estaba, con mi casaca negra brillante con dos dragones dorados en el pecho,
porque se nos pidió que fuéramos vestidos de gala según las tradiciones
locales, recogiendo un premio mundial... ¡en China! Solo mis amigos y
familiares saben que ese libro lo hice porque me quedé sin trabajo, y cómo
tuve que buscar cada euro con el que pagar la imprenta. Pero ahí estaba, y a
la vuelta un montón de entrevistas, tertulias, conferencias y firma de
libros en las librerías, una locura que viví intensamente pero con mucha
calma, porque sé perfectamente de dónde vengo, las cosas que he hecho bien y
lo mucho que me queda por aprender.
Recomiéndenos un territorio vinícola o una de las Rutas del Vino de
España
Cada una tiene su encanto y cada una destaca por su personalidad
diferenciada. Tenemos una oferta rica y variada, que va desde las rutas de
senderismo del Priorat hasta el paisaje volcánico de Canarias, con sus viñas
ahondadas en el suelo, una a una, para protegerlas de los vientos alisios. Y
además, las terrazas escalonadas del viñedo gallego, o la silueta de la
montaña de Montserrat como telón de fondo del viñedo del Penedés, o las
amplias extensiones del viñedo de Castilla-La Mancha. Lo mágico no es
conocer un territorio, si no ver qué a 100 kilómetros hay otra zona vinícola
absolutamente diferente. Esa es nuestra riqueza.
Pero debo confesar que yo tengo debilidad por Rioja. Para mí la carretera
que va de Logroño a Laguardia, San Vicente de la Sonsierra y Haro,
recorriendo todo el pie de la Sierra de Cantabria, es un paraíso del vino.
Allí se ven muy claramente dos de las constantes de las grandes zonas
vinícolas del mundo, una gran sierra que protege el viñedo de los vientos
fríos y húmedos del norte, con su majestuoso mar de nubes aferrado a la
cumbre, y un gran río que vertebra y da vida a estas tierras. Todo eso bajo
un cielo limpio y azul, que es testigo de los esfuerzos por la conservación
del paisaje del vino, de sus ciudades y sus castillos medievales, combinadas
con la más moderna y espectacular arquitectura del vino. Todo eso acompañado
del carácter de los hombres y mujeres de estas tierras, resultado de la
mezcla histórica de riojanos, vascos, navarros y castellanos, lo que da una
mezcla fantástica que hoy se refleja en su espíritu abierto, amable y
emprendedor. Allí me siento como en casa.
ACEVIN y las Rutas del Vino de España les agradecen su atención e interés